Siempre le trataron con indulgencia, hay quien dice que sus formas cómicas eran para hacerse notar, pero lo cierto es que The Beatles no hubiese sido The Beatles sin Ringo Starr. Esto por dos motivos: el primero, The Beatles no era una suma de talentos, era un gran talento alimentado por cinco pilares: John, Paul, Geroge, Ringo y George Martin, su productor. El segundo, Ringo le puso firma y sello a las canciones del grupo, esa batería que algunos califican fríamente como correcta, es más que un tan tan que acompaña en el fondo. La batería es única en cada canción, no hay dos donde se repita o copie a sí mismo. El que quiera tomarse la molestia de escuchar los viejos discos y prestar atención, descubrirá una percusión plástica, capaz de hacer polirritmos en una misma canción, capaz de convertirse en bajo, de hacer contrapunto y hasta de responder al estribillo. Ringo no es un compositor, es un batería resuelto que tiene el don de generar la mejor buena onda alrededor.
A los seis años debió pasar buen tiempo en el hospital a causa de una grave peritonitis y fue allí que aprendió a tocar el tambor, en las clases recreativas que se impartían para los niños enfermos. Su prolongada convalecencia le retrasó en la escuela y esto hizo que saliera a enfrentar el mundo solo sabiendo leer y escribir. La salud le jugó en contra para enfrentar los rigores del mar y las fábricas de Liverpool donde intentaba ganarse la vida, cada vez que debía recuperarse de algún achaque, el calor de los bares renovaba su espíritu. Las lecciones de tambor le alcanzaron para sentarse en la batería. Pese a ser zurdo, se las ingenió para dominar la de los diestros, al punto que llevar el ritmo con la izquierda es una marca distintiva de su estilo. Esta curiosidad hizo que en un principio George Martin dudara de su capacidad. En las sesiones de grabación, Martin convocaba a algún batería profesional y se grababan pistas con cada uno. Al final, siempre quedaban las de Ringo porque era la que se integraba mejor, casi como una complicidad, a los demás instrumentos de la banda.
Probablemente carezca de la espectacularidad de John Bonham o la versatilidad de Buddy Richard o el dramatismo de Keith Moon, pero solo había alguien que podía ser batería de The Beatles. Ringo trabajó para el equipo, pero desde su aparente posición en la segunda línea, hizo que el mundo mirara de otra manera a los bateros. A Ringo no hay que regalarle nada. Piezas como A day in the life, She said she said o Rain son un ramillete de sus mejores momentos. Su carrera solista no ha estado llena de éxitos como la de los otros, pero es el que más cariño ha cosechado del público. De los cuatro, es quien mejor ha llevado el espíritu de los sesenta, ese tiempo en que el amor estaba por encima de todo y todo era posible con una ayudita de mis amigos, viajando en un submarino amarillo para descubrir las riquezas del mar en el jardín de los pulpos, ese tiempo de los dedos alzados en peace and love, esos años donde la ilusión aún no estaba perdida.
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